La psicología del perfume: cómo influye en nuestra conducta y en la percepción de los demás

La psicología del perfume plantea una pregunta fascinante: ¿puede una fragancia modificar nuestra manera de comportarnos o influir en cómo nos perciben los demás? La investigación científica ha encontrado relaciones interesantes entre los olores, la autoconfianza, los movimientos corporales y la percepción social. Analizamos qué han demostrado realmente los estudios científicos, cuáles son sus limitaciones y por qué el perfume puede ser mucho más que una elección estética.

Representación conceptual del olfato y la percepción social: un hombre de espaldas, personas interactuando y elementos visuales relacionados con la neurociencia.

Imagen creada mediante AI. Crónicas Olfativas, 2026.

¿Puede un perfume cambiar nuestra forma de comportarnos?

Solemos elegir un perfume por su aroma, por los recuerdos que despierta o, sencillamente, porque nos gusta cómo nos sentimos cuando lo llevamos. Sin embargo, existe una pregunta que va más allá de nuestras preferencias olfativas: ¿puede una fragancia influir realmente en nuestra conducta?

En 2005, los investigadores Takahiro Higuchi, Ken Shoji, Sumie Taguchi y Toshiteru Hatayama publicaron en la revista International Journal of Psychology un estudio sobre la influencia del perfume en el comportamiento no verbal de 31 mujeres japonesas.

Durante el experimento, las participantes fueron grabadas mientras realizaban una entrevista. Posteriormente, un grupo de observadores evaluó las grabaciones sin sonido y sin conocer qué mujeres habían utilizado perfume.

Los investigadores encontraron que, tras aplicarse una fragancia que habían valorado favorablemente, las participantes realizaban menos movimientos corporales no simbólicos, como tocarse el cabello, cambiar de postura o moverse en la silla. Además, las observadoras las percibieron como más seguras de sí mismas.

Este resultado resulta especialmente interesante porque las personas que evaluaron los vídeos no necesitaban percibir el perfume. La diferencia se manifestaba en el comportamiento visible de las participantes.

No obstante, debemos interpretar el estudio con prudencia. La muestra era reducida y los resultados no demuestran que cualquier perfume aumente la seguridad personal. Lo que sí sugieren es que una experiencia olfativa agradable puede relacionarse con cambios observables en nuestra conducta. [1]

El perfume, la autoconfianza y la imagen que proyectamos

¿Nos comportamos de la misma manera cuando nos sentimos cómodos con nuestro olor corporal? Es una pregunta que parece sencilla, pero que abre una interesante línea de investigación sobre la relación entre el olfato, la autoconfianza y la percepción social.

En 2009, S. Craig Roberts y sus colaboradores publicaron en la revista International Journal of Cosmetic Science un estudio que examinaba cómo la modificación del olor corporal masculino podía influir en la autoconfianza y en las valoraciones de atractivo realizadas por mujeres.

Los participantes utilizaron durante varios días uno de dos aerosoles aparentemente iguales. Uno contenía fragancia y agentes antimicrobianos; el otro no incorporaba esos ingredientes activos. El experimento siguió un diseño de doble ciego para reducir la influencia de las expectativas.

Los investigadores encontraron diferencias en medidas de autoconfianza y atractivo autopercibido. Sin embargo, el resultado más interesante apareció cuando un grupo de mujeres evaluó fotografías y vídeos de los participantes.

Las fotografías no mostraron diferencias significativas de atractivo entre los grupos. En cambio, los hombres que habían utilizado el aerosol activo recibieron valoraciones superiores cuando las evaluadoras observaron sus vídeos.

Esta diferencia sugiere que la experiencia de sentirse más cómodo con el propio olor podría influir en determinados aspectos del comportamiento que resultan visibles para otras personas.

No obstante, debemos evitar una conclusión precipitada. El producto utilizado también contenía agentes antimicrobianos, por lo que no es posible atribuir el efecto exclusivamente al perfume. Además, los resultados corresponden a las condiciones concretas del experimento.

Lo que este trabajo permite plantear es una posibilidad interesante: la influencia social de una fragancia no depende necesariamente solo de que los demás perciban su aroma. También puede estar relacionada con la experiencia subjetiva de quien la utiliza. [2]

Hombre de cabello entrecano y traje marrón que muestra una actitud segura durante una reunión social, rodeado de otras personas y de una representación artística de la estela de un perfume.

Imagen creada mediante AI. Crónicas Olfativas, 2026.

Cuando el aroma cambia nuestra percepción de los demás

Imaginemos que observamos dos veces la fotografía de una misma persona. Su rostro, su expresión y su apariencia permanecen exactamente iguales. Sin embargo, en una ocasión percibimos una fragancia agradable y en la otra no. ¿Podría ese pequeño cambio modificar nuestra impresión sobre ella?

Esta pregunta está relacionada con la percepción multisensorial, un fenómeno por el que la información recibida a través de un sentido puede influir en cómo interpretamos los estímulos de otro. En el caso del perfume, el olfato puede intervenir en la valoración de lo que vemos.

En 2024, Jennifer Davies-Owen y sus colaboradores publicaron en la revista Behavioural Brain Research una investigación sobre la influencia de una fragancia agradable en la percepción de rostros propios y ajenos.

En el experimento participaron 22 mujeres que observaron fotografías de sus propios rostros y de otras mujeres mientras percibían, alternativamente, una fragancia procedente de un producto comercial de higiene corporal o aire limpio sin fragancia añadida.

Las participantes valoraron características como el atractivo, la confianza y la feminidad de las personas fotografiadas. Los investigadores también registraron su actividad cerebral mediante electroencefalografía (EEG), una técnica que permite estudiar la actividad eléctrica del cerebro.

Los resultados mostraron que, en presencia de la fragancia agradable, aumentaban las valoraciones subjetivas de atractivo, confianza y feminidad. Además, se observaron diferencias en determinadas respuestas eléctricas cerebrales relacionadas con el procesamiento de los rostros.

Lo verdaderamente interesante es que las fotografías eran las mismas. No había cambiado la expresión facial ni la apariencia de las personas. Lo que había cambiado era el contexto olfativo en el que se realizaba la evaluación.

Sin embargo, debemos interpretar estos resultados con cautela. El experimento utilizó una muestra pequeña, formada exclusivamente por mujeres, y una fragancia concreta. Además, las personas fotografiadas no llevaban necesariamente ese aroma sobre su piel: eran las observadoras quienes lo percibían durante la prueba.

Por tanto, el estudio no demuestra que utilizar un perfume nos haga objetivamente más atractivos. Lo que sí demuestra es que, bajo determinadas condiciones experimentales, un olor agradable puede modificar la percepción visual que tenemos de otras personas.

Este hallazgo nos recuerda que nuestras impresiones sociales no dependen únicamente de lo que vemos. En ocasiones, también están condicionadas por estímulos sensoriales que apenas tenemos en cuenta de manera consciente. [3]

El olor corporal y la expresión de las emociones

Las emociones se reflejan en nuestra expresión facial, en el tono de voz y en la postura y en los gestos corporales. Pero ¿es posible que nuestro organismo también produzca información olfativa relacionada con lo que sentimos?

Aunque resulte sorprendente, la investigación científica ha encontrado evidencias de que determinados estados emocionales pueden modificar el olor corporal humano. También se ha observado que la exposición a esos olores puede influir en algunas respuestas fisiológicas y conductuales de otras personas.

En 2022, S. Craig Roberts, Jitka Třebická Fialová, Agnieszka Sorokowska y otros cuatro investigadores publicaron en la revista Evolutionary Human Sciences una revisión científica titulada Emotional expression in human odour.

Los autores analizaron numerosas investigaciones sobre la relación entre las emociones y el olor corporal, prestando especial atención a los estudios relacionados con el miedo y otros estados emocionales.

Los resultados revisados indican que las personas pueden producir olores corporales que contienen información relacionada con su estado emocional y que, bajo determinadas condiciones experimentales, otras personas pueden responder a ellos.

Sin embargo, esto no significa que podamos identificar con precisión las emociones de cualquier persona simplemente percibiendo su olor. Los propios investigadores advierten que buena parte de la evidencia procede de experimentos realizados en condiciones controladas, que no siempre representan las interacciones sociales cotidianas.

También quedan preguntas importantes sin resolver, como cuáles son los mecanismos químicos responsables de estos efectos y qué importancia tienen realmente fuera del laboratorio.

Existe, además, una diferencia fundamental entre el olor corporal natural y un perfume. El primero puede contener información relacionada con procesos fisiológicos del organismo. El segundo es una composición aromática que elegimos y aplicamos voluntariamente.

Por tanto, sería incorrecto utilizar estos resultados para afirmar que una fragancia comercial transmite automáticamente miedo, alegría, seguridad o atracción.

La conclusión científica es más prudente y, al mismo tiempo, fascinante: el olfato puede participar en la percepción de las emociones humanas, aunque todavía necesitamos investigaciones más próximas a las situaciones reales para comprender plenamente su importancia. [4]

Para profundizar en la relación entre el olfato y las señales que intervienen en nuestras interacciones, puedes consultar mi artículo «El lenguaje invisible del olor: olfato, perfume y comunicación no verbal».

El perfume y nuestra identidad olfativa

Hay una experiencia que muchos aficionados a la perfumería han vivido: probamos una fragancia que nos ha gustado en otra persona y descubrimos que, al utilizarla nosotros, la huella olfativa no es exactamente la misma. ¿A qué puede deberse esta diferencia?

En 2012, Pavlína Lenochová, Pavla Vohnoutová, S. Craig Roberts, Elisabeth Oberzaucher, Karl Grammer y Jan Havlíček publicaron en la revista científica PLOS ONE una investigación sobre la interacción entre el perfume y el olor corporal individual.

Los investigadores querían comprobar si los perfumes se limitan a enmascarar el olor corporal o si, por el contrario, pueden combinarse con él y generar una percepción olfativa diferente según la persona.

Para estudiarlo, realizaron tres experimentos. En los dos primeros compararon las valoraciones de muestras de olor axilar masculino, con y sin perfume. Los resultados mostraron que las muestras perfumadas recibían, en general, valoraciones más favorables, pero el efecto no era idéntico en todos los individuos.

El tercer experimento aportó un resultado especialmente interesante. Los investigadores compararon mezclas del olor corporal de cada participante con su perfume preferido y mezclas en las que se había utilizado una fragancia asignada por los investigadores.

Las combinaciones con el perfume elegido por el propio participante fueron valoradas como más agradables y atractivas. Esta diferencia no podía explicarse simplemente porque esos perfumes resultaran más agradables cuando se evaluaban por separado.

Los resultados sugieren que la percepción de una fragancia puede depender de su interacción con el olor corporal individual. En otras palabras, el perfume no siempre funciona como una capa aromática independiente que produce exactamente el mismo efecto en todas las personas.

Sin embargo, es importante precisar qué investigaron realmente los autores. El estudio se centró en muestras de olor axilar masculino y en su valoración por participantes femeninas. No analizó directamente la evolución de perfumes sobre piel seca, grasa o mixta, ni estableció reglas sobre su duración, proyección o estela.

Para Crónicas Olfativas, esta investigación resulta especialmente relevante porque aporta evidencia de que existen diferencias individuales en la percepción de las mezclas de perfume y olor corporal.

Nuestro Protocolo CO se basa en observar y describir el comportamiento de las fragancias sobre la piel. Aunque el estudio no valida por sí mismo todas las variables de este protocolo, sí refuerza la importancia de no considerar la experiencia olfativa como algo idéntico para todas las personas.

En definitiva, una fragancia tiene su propia composición, pero la percepción de su combinación con el olor corporal puede adquirir características particulares según quien la utiliza. [5]

Perfumes, atracción y feromonas: ¿qué dice realmente la ciencia?

La relación entre el perfume y la atracción humana ha despertado interés durante siglos. Basta observar la publicidad de algunas fragancias para encontrar mensajes que prometen seducción, magnetismo personal o una capacidad casi irresistible para atraer a otras personas. Pero ¿qué fundamento científico tienen estas afirmaciones?

La investigación ha demostrado que los estímulos olfativos pueden influir en determinadas valoraciones sociales, incluido el atractivo percibido. Sin embargo, que un olor modifique una impresión subjetiva no significa que provoque automáticamente atracción romántica o sexual.

Una de las cuestiones más controvertidas es la existencia de feromonas humanas. En biología, las feromonas son sustancias químicas que, en determinadas especies, funcionan como señales entre individuos de la misma especie y desencadenan respuestas específicas.

En 2015, Tristram D. Wyatt, investigador de la Universidad de Oxford, publicó en la revista Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences una revisión crítica titulada The search for human pheromones: The lost decades and the necessity of returning to first principles.

Wyatt examinó las investigaciones relacionadas con cuatro sustancias frecuentemente presentadas como posibles feromonas humanas: androstenona, androstenol, androstadienona y estratetraenol.

Su análisis señaló que no existían pruebas experimentales suficientemente sólidas para considerar demostrada la condición de feromonas humanas de estas sustancias. El investigador cuestionó especialmente la falta de procedimientos rigurosos para identificar y confirmar su función como señales químicas.

Es importante comprender el alcance de esta conclusión. Wyatt no afirmó que la comunicación química entre seres humanos fuera imposible. Lo que cuestionó fue que determinadas sustancias hubieran sido identificadas de manera convincente como feromonas humanas.

Esta diferencia resulta fundamental cuando analizamos los perfumes comercializados con supuestas feromonas. La presencia de un ingrediente al que se atribuyen propiedades afrodisíacas no demuestra que una fragancia pueda provocar deseo, atracción o comportamientos específicos en otras personas.

Tampoco podemos reducir la atracción humana a una respuesta química aislada. La percepción del atractivo es un fenómeno complejo en el que pueden intervenir factores visuales, psicológicos, sociales y culturales, además de los estímulos olfativos.

Por tanto, aunque un perfume pueda influir en determinadas impresiones, la ciencia no ha demostrado que exista una composición aromática capaz de garantizar una reacción de atracción universal.

Quizá el verdadero interés científico de la perfumería no resida en encontrar una fórmula irresistible, sino en comprender cómo los aromas interactúan con nuestra percepción, nuestras preferencias y nuestras experiencias personales. [6]

¿Qué comunica realmente el perfume que elegimos?

Elegir un perfume puede parecer una decisión sencilla, pero detrás de nuestras preferencias olfativas intervienen experiencias personales, recuerdos, asociaciones emocionales y expectativas. Una fragancia que para nosotros representa elegancia puede despertar en otra persona una impresión completamente diferente.

Pensemos, por ejemplo, en un perfume con notas de cuero, tabaco y maderas oscuras. Podemos asociarlo con un ambiente sofisticado o con una determinada estética personal. Sin embargo, esas asociaciones no demuestran que quien utiliza la fragancia posea unos rasgos concretos de personalidad.

La psicología experimental ha mostrado que los estímulos olfativos pueden influir en las valoraciones sociales. En una revisión publicada en 2021, Charles Spence, investigador de la Universidad de Oxford, examinó diferentes estudios sobre cómo los olores pueden modificar la percepción de características personales, como el atractivo, la edad o determinados atributos psicológicos.

No obstante, la existencia de estas influencias no significa que podamos establecer un lenguaje universal de los perfumes. La interpretación de un aroma depende de múltiples factores, entre ellos la experiencia individual, las asociaciones aprendidas y el contexto en el que se percibe.

Por tanto, debemos diferenciar entre la intención de quien elige una fragancia y la interpretación que realizan quienes la perciben. Podemos utilizar un perfume porque deseamos transmitir una imagen determinada, pero eso no garantiza que los demás reciban exactamente el mensaje que pretendemos.

Desde una perspectiva científica, no existen pruebas suficientes para afirmar que las fragancias amaderadas indiquen autoridad, que las florales revelen sensibilidad o que los perfumes intensos correspondan necesariamente a personalidades dominantes.

Estas asociaciones pueden tener interés cultural, estético o publicitario, pero no constituyen un sistema fiable para identificar la personalidad de alguien.

Quizá una de las características más fascinantes de la perfumería sea precisamente esa: el significado que atribuimos a una fragancia puede ser profundamente personal, mientras que la impresión que produce en los demás permanece abierta a interpretaciones diferentes.

En definitiva, el perfume puede formar parte de nuestra presentación personal, pero no funciona como un código psicológico capaz de revelar quiénes somos. [7]

La proyección y la estela: ¿influyen en cómo nos perciben los demás?

Cuando evaluamos un perfume, solemos prestar especial atención a su duración, su proyección y su estela. Son características que nos ayudan a comprender cómo se comporta una fragancia durante su uso. Sin embargo, ¿podemos relacionar estas propiedades con la impresión psicológica que producimos en otras personas?

Imaginemos dos situaciones. En la primera, una persona utiliza una fragancia intensa que puede percibirse a cierta distancia. En la segunda, lleva un perfume discreto, cuyo aroma solo se aprecia durante una interacción cercana. Es razonable pensar que ambas experiencias olfativas serán diferentes, pero eso no significa que produzcan necesariamente impresiones psicológicas opuestas.

A menudo encontramos afirmaciones según las cuales los perfumes de gran proyección transmiten autoridad, seguridad o una personalidad dominante, mientras que las fragancias discretas se asocian con elegancia, intimidad o sensibilidad. Aunque estas interpretaciones pueden tener interés estético, no deben confundirse con conclusiones científicas.

En su revisión de 2021, Charles Spence examinó investigaciones que demuestran cómo determinados estímulos olfativos pueden influir en la percepción social. Sin embargo, también señaló las limitaciones metodológicas de numerosos experimentos y la dificultad de trasladar sus resultados a situaciones cotidianas.

La investigación disponible no permite establecer una relación universal entre la intensidad de un perfume y atributos como la confianza, el atractivo o el prestigio social.

Además, debemos distinguir entre la presencia física de una fragancia y la interpretación que hacemos de ella. La proyección y la estela describen aspectos de cómo se percibe el aroma en el espacio, mientras que las valoraciones psicológicas dependen de otros factores, como las preferencias individuales y el contexto.

Esta distinción resulta especialmente importante para Crónicas Olfativas. Nuestro Protocolo CO se centra en observar y describir el comportamiento real de las fragancias sobre la piel, incluyendo su duración, proyección y estela.

Estas observaciones nos permiten ofrecer información sobre el rendimiento de un perfume, pero no constituyen una medición científica de su capacidad para generar atracción, confianza o determinadas impresiones sociales.

Por tanto, una fragancia intensa no tiene por qué comunicar mayor seguridad, del mismo modo que un perfume discreto no transmite necesariamente elegancia. Son interpretaciones posibles, no propiedades psicológicas demostradas.

Comprender esta diferencia nos permite valorar los perfumes con mayor rigor, separando sus características olfativas de las expectativas que proyectamos sobre ellos. [7]

Mujer caminando por una calle mientras una estela luminosa representa la difusión de su perfume y varias personas que caminan en sentido contrario perciben su presencia.
La proyección describe hasta dónde puede percibirse una fragancia; la estela, el rastro olfativo que deja a su paso. Imagen creada mediante AI. Crónicas Olfativas, 2026.

Conclusión: el perfume también influye en cómo nos relacionamos

Durante mucho tiempo, hemos considerado el perfume principalmente como un complemento estético, una forma de expresar nuestras preferencias o de disfrutar de una experiencia sensorial agradable. Sin embargo, la investigación científica nos invita a contemplarlo desde una perspectiva más amplia.

Los estudios analizados muestran que los olores pueden influir en determinados aspectos del comportamiento humano y de la percepción social. Algunas investigaciones han observado cambios en los movimientos corporales de personas que utilizan fragancias; otras han encontrado diferencias en la autoconfianza o en la valoración visual del atractivo bajo condiciones experimentales concretas.

Pero estos resultados no deben interpretarse como una demostración de que cualquier perfume puede transformar nuestra personalidad, aumentar automáticamente nuestra seguridad o provocar atracción en quienes nos rodean.

La influencia del olfato es más compleja. Intervienen nuestras preferencias, las experiencias personales, el contexto y la manera en que cada individuo percibe los estímulos aromáticos. Además, todavía existen importantes limitaciones metodológicas que dificultan trasladar algunos resultados de laboratorio a las relaciones sociales cotidianas.

Desde mi perspectiva, ahí reside precisamente uno de los aspectos más interesantes de la perfumería: una fragancia puede formar parte de nuestra presencia personal sin que podamos controlar por completo cómo será interpretada.

Elegimos un perfume porque nos gusta su composición, porque nos recuerda algo o porque disfrutamos de su evolución sobre la piel. Los demás pueden percibirlo de otra manera, asociarlo con experiencias diferentes o, sencillamente, no advertir su presencia.

En Crónicas Olfativas, el Protocolo CO nos permite estudiar y describir el comportamiento de las fragancias sobre la piel, pero también nos recuerda la importancia de distinguir entre las observaciones técnicas y las interpretaciones personales.

El perfume no determina quiénes somos ni sustituye a nuestros gestos, nuestras expresiones o nuestras palabras. Sin embargo, puede acompañar nuestra conducta y participar en la experiencia sensorial que compartimos con los demás.

Quizá no exista una fragancia capaz de decir exactamente quiénes somos, pero la ciencia demuestra que el olfato merece un lugar en el estudio de cómo percibimos a otras personas y cómo nos relacionamos con ellas.

Referencias científicas

[1] Higuchi, T., Shoji, K., Taguchi, S. y Hatayama, T. (2005). Improvement of nonverbal behaviour in Japanese female perfume-wearers. International Journal of Psychology, 40(2), 90–99.
https://doi.org/10.1080/00207590444000050

[2] Roberts, S. C., Little, A. C., Lyndon, A., Roberts, J., Havlíček, J. y Wright, R. L. (2009). Manipulation of body odour alters men’s self-confidence and judgements of their visual attractiveness by women. International Journal of Cosmetic Science, 31(1), 47–54.
https://doi.org/10.1111/j.1468-2494.2008.00477.x

[3] Davies-Owen, J., Roberts, H., Scott, M., Thomas, A., Sen, S., Sethna, S., Roberts, C., Giesbrecht, T. y Fallon, N. (2024). Beauty is in the nose of the beholder: Fragrance modulates attractiveness, confidence and femininity ratings and neural responses to faces of self and others. Behavioural Brain Research, 465, 114932.
https://doi.org/10.1016/j.bbr.2024.114932

[4] Roberts, S. C., Třebická Fialová, J., Sorokowska, A., Langford, B., Sorokowski, P., Třebický, V. y Havlíček, J. (2022). Emotional expression in human odour. Evolutionary Human Sciences, 4, e44.
https://doi.org/10.1017/ehs.2022.44

[5] Lenochová, P., Vohnoutová, P., Roberts, S. C., Oberzaucher, E., Grammer, K. y Havlíček, J. (2012). Psychology of fragrance use: Perception of individual odor and perfume blends reveals a mechanism for idiosyncratic effects on fragrance choice. PLOS ONE, 7(3), e33810.
https://doi.org/10.1371/journal.pone.0033810

[6] Wyatt, T. D. (2015). The search for human pheromones: The lost decades and the necessity of returning to first principles. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, 282(1804), 20142994.
https://doi.org/10.1098/rspb.2014.2994

[7] Spence, C. (2021). The scent of attraction and the smell of success: Crossmodal influences on person perception. Cognitive Research: Principles and Implications, 6, artículo 46.
https://doi.org/10.1186/s41235-021-00311-3

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio